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La Coctelera

Historias y fantasías de una cortesana del siglo XXI

Quien escribe sobre lo vivido y vive sobre lo escrito, quien se rebela contra eso de que hoy la gente solo cuenta sus sueños pero no se atreve a vivirlos, termina enredado en los estrechísimos límites entre la realidad y la ficción.

28 Diciembre 2009

Mi nuevo teléfono móvil.

Estoy estrenando un teléfono móvil, me lo han regalado como parte de mi aceptación a formar parte de un nuevo club, de lo más interesante y selecto, según me dicen. El asunto es el siguiente:

Cuando eres invitado llenas un gran cuestionario, donde incluye tus preferencias sexuales y tus experiencias y fantasías en el terreno, así como pruebas médicas y te aprueba el consejo (que no se por quién está conformado, pero suena a muy importante por todo lo que piden...) te dan un móvil nuevo y pequeñito con una serie de números rápidos (el mío tiene como 150).

Ahora bien, lo interesante es para qué sirve este móvil. Según me dicen el uso es el siguiente: Cuando tienes ganas de un encuentro de sexo casual con alguno de los que están en tu lista, simplemente llamas, dices en qué hotel y a qué horas y vas y lo esperas.

Se toman una copa, y pues a darle.

Si de casualidad no te gusta nada (nada de nada) entonces, das las gracias y pagas la copa. Pero tiene que ser que realmente te de asco, si no, el pacto de caballeros es hacerlo.

Si te llaman a ti, pues llegas a la hora, limpiecita, arregladita y pues lo mismo (el que llama paga por el cuarto claro).

Nada de nombres, nada de segundas veces, aunque sea el hombre o la revolcada de tu vida, bajo riesgo de salir del club (claro que si encuentras a tu alma gemela, supongo que te valdrá gorro el club).

Me han dicho que espere tres días para que se actualicen los teléfonos de los miembros, y después haga (o reciba) la primer llamada.

Ya les contaré...

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27 Noviembre 2009

Pelotas de Ping Pong

Y siguiendo con Tailandia, mi amiga me cuenta que estuvo por allá dos meses en un curso de artes amatorias, y el resultado ha sido que ella es ahora adictiva.

Me gusta eso, estoy pensando en irme a Tailandia.

Por lo pronto, mi iniciación consiste en comprarme unas pelotas de Ping Pong.

Lo que necesito hacer es introducirlas en mi vagina, y convertirme en una ametralladora viviente.

Según parece, introduces primero una pelota, y mediante el movimiento de los músculos internos (esos que se mueven sin que yo intervenga para nada cuando tengo un orgasmo) lograr que la pelota de Ping Pong salga disparada por los aires.

Cuando eso sea fácil, se hace en serie, primero con dos, y llegando hasta donde te quepan las pelotas.

El objetivo de este ejercicio es tener una de esas famosísimas vaginas de las leyendas, con las que se logra dar a tu hombre un orgasmo sin que ninguno de los dos mueva un músculo (excepto claro tú el de la vagina).

Tal como si fuera una mamada, pero sin los dientes, por supuesto y con muchos aros que aprietan y mueven su pene.

Escribiendo esto me he excitado, creo que salgo a comprar las pelotas, y ya les contaré cuando logre tener una ametralladora de pelotas de ping pong.

mmm, bueno, tal vez hago primero una escala y le doy servicio al mecanismo antes de salir con mi dedo.

Tags: erotismo

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27 Noviembre 2009

El masaje Thai

Resulta que en Tailandia son especialistas en dar masaje.

Bueno, eso no es noticia.

Lo interesante es que existe un masaje muy especial en Tailandia, que una querida amiga trajo para introducirlo en mi país.

Es muy recomendable.

Te recuestan en una especie de cama de tela suspendida del techo. Y llegan dos chicas monísimas, todas sonrisa y muy pequeñitas.

Al principio imaginé que iba a ser un masaje suavecito, y cuál sería mi sorpresa cuando descubrí que tenían mucha más fuerza de la que imaginaba. Una se colocó a un lado de mí y la otra por debajo de la cama suspendida y al mismo tiempo me masajeaban por arriba y por abajo, eliminando la tensión totalmente de mi cuerpo.

Entonces una de ellas me comentó que sentía mucha tensión sexual en mi cuerpo, y que tenían un masaje especializado, pero que tenía que comentarme que me tocaría donde normalmente no se hace masaje.

Por supuesto que acepté la propuesta. Y pronto tenía cuatro manos expertas dándome masaje en lugares extraordinariamente exóticos, todas las curvas de mi cuerpo comenzaron a tener un tratamiento especial y pronto comenzaron a concentrarse en mi zona de las caderas.

Llegado un momento, tenía cuatro fantásticos generadores de orgasmo que me tocaban en mis nalgas, en mis caderas y alrededor de mi sexo, pero nunca directamente ahí.

Entonces sí que la energía sexual se tensó. Cuando no pude más comencé a tener varios orgasmos en serie. No sé cómo lo lograron, puesto que nunca me tocaron los lugares obvios.

Al terminar, me sentí lo más relajada que me he sentido en años, y por supuesto que tengo mi cita para la semana que entra.

Ahora me pregunto: ¿Será que puedo convencer a algún chico ( o a varios) para que incorporen esta técnica en sus artes amatorias?

Espero que sí.

Tags: masaje

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12 Noviembre 2009

Ajedrez

A mi la verdad, me es muy difícil ser difícil. Prefiero ser fácil y así divertirme mucho más.

En mi experiencia, he encontrado que la mayoría de los hombres piensan lo mismo que yo y eso me ha dado múltiples satisfacciones.

Normalmente cuando digo que no, es porque de plano, pues no. No hay para donde. O no me gusta, o hay algo de su higiene y cuidado personal que me provoca un rechazo absoluto. Como es el caso de unos dientes negros por el tabaco (está bien fumar, pero también visitar al dentista cada seis meses) o un olor corporal que más que excitarme me da nauseas.

Hace unos dos meses comencé un juego de lo más inesperado. Se trataba de convencer a un hombre dificil . La historia es así. Hay un hombre  que le lleva asuntos personales a mi jefe, que me cae muy bien y que no está de mal ver. Tenía una fiesta de solteros y la consigna era llevar a un hombre con el que no estuvieses románticamente involucrada para presentarlo a las amigas (y viceversa para los amigos). Pues lo invité, ya que no pude pensar en nadie más y aceptó.  fue una fiesta intrascendente pero divertida. De la fiesta resultó que es experto en bailes de salón, y quedamos entre varios de ir a su casa a bailar un día. Resulta que por cuestiones de viaje de trabajo  canceló aquello dos días antes y pues listo, a seguir con lo nuestro.

El día que se suponía era el baile me llama y me dice que se canceló el viaje. "qué pena, nos quedamos sin bailar". Pero me invita a ver una película a casa. Y voy. Entre divertida y confundida. Y pues vemos la película. Y cenamos algo de tapas. Y me da un masaje maravilloso en donde yo, lógicamente, acabo desnuda, mientras él sigue totalmente vestido. Y dan las cuatro de la mañana y me tengo que ir. Y nada. Ni un beso, ni una insinuación.

Llego a casa y me masturbo como loca para quitarme la calentura provocada por el aceite de masaje a la canelo.

Y la semana siguiente me invita otra vez, en la tarde del domingo. Y yo le doy masaje, y cenamos y platicamos y vemos el programa de moda que es violentamente malo (desde mi muy objetivo punto de vista de persona que odia la tele). Y nos acurrucamos y dan las cuatro de la mañana y me tengo que ir otra vez y NAAADAA. Otra vez llego a casa como loca.

A esas alturas, sale mi instinto de cazador y decido que no puede ser así. Esto es una partida de ajedrez. Y yo sé hacer jaque. Y mientras me masturbo, me pongo a pensar en nuestras pláticas y llego a muchas conclusiones:

1. es asexual

2. está jugando al ajedrez, y quiere comerse a la reina después de acorralarla.

3. piensa que debemos ir lento porque es un caballero

4. estoy muy urgida, y tal vez por eso estoy obsesionada

5. me encantan los orgasmos provocados por mí misma

Como no acabo de decidirme por una sola (excepto tal vez la última), decido no llamarle, ni para cosas de trabajo y me tranquilizo un poco.

Y llega el jueves y me llama justo antes de mi clase de baile. Y pues le digo que tengo la clase, y vamos al teléfono mientras llego al estudio. Y  ¡Oh sorpresa! clase cancelada por fuerza mayor.  Y acabo en su casa con ropa de baile, y entre platica y masaje y caricias acabo desnuda y abrazada a él.

La tercera es la vencida ¿no? por tanto, decido que este será mi amigo de caricias y masajes y películas hasta las 4 de la mañana y nada más.

Pasan dos semanas y por cuestiones de trabajo nada de nada, y de la nada, me llama el martes (de trabajo) y me invita a ver otra película. No puedo. Miércoles mejor. Película: el engaño. demasiado cursi... Cena: pizza y vino tinto. muy bueno. y comenzamos el juego del masaje. Decido dejarme toda la ropa (mucha ropa, de invierno con medias térmicas y todo)  y ahora él termina desnudo. Y rozándolo me doy cuenta de su gran erección. Y río un poco y lo reto. Él me dijo alguna vez hace años que no besa porque besar implica sentimientos. Y comento algo así que no me siento tan mal porque no soy la única que se excita con los masajes y las caricias. Y dice algo así como que las mujeres mandan, y decido ordenarle que me dé un beso. Y me lo dá. Y toda la excitación de un mes y cacho de caricias se convierte en un remolino de ropa de invierno y terminamos con una sesión de sexo puro y duro magnifica. Y como ya comienza a ser lo normal, dan las cuatro de la mañana y tengo que marcharme. Esta vez flotando, con 3 orgasmos en mi cuerpo y pensando que tal vez, las estrategias de ajedrez son muy buenas para aumentar el placer.

Hoy vino a la oficina. Como si nada. Dos conocidos que tienen un punto en común. Pero algo de su mirada, de su nerviosa sonrisa me dijo que el martes o miércoles que entra, tendré una sesión de películas hasta la madrugada.

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7 Octubre 2009

El Club

Me platicaron tanto del sitio, que en el último viaje que tuve a San Francisco, decidí visitarlo, a pesar de la nada despreciable cuota de mil dólares de entrada.

El sistema de reservación era de lo más moderno, el que te presenta envía un mensaje a un celular sin rastro con tu mail y en éste recibes una contraseña.

Después entras en una página de internet encriptada donde introduces esta contraseña. Te dan un lugar geográfico en San Francisco. Cuando llegas a esas coordenadas con tu GPS, prendes tu blue tooth y recibes el mapa del lugar y el número de tu reservación.

Yo a esas alturas comencé a pensar que tal vez era demasiado trabajo para un club. Pero mi curiosidad era grande.

Después de una visita tipo McGuiver por la ciudad obtuve la dirección. Un edificio en Jordan Park, un barrio de alta alcurnia, que por fuera parece una vivienda como tantas otras. Con la única diferencia de un estacionamiento con valet parking que parecía bastante ocupado. Ningún letrero, ninguna luz fuera de lugar.

Me recibieron el auto como si fuese una estrella, y me preguntaron mi clave. Al estar en la lista me escoltaron a la puerta sin hacer barullo y entré.

La entrada era un hall lindo con dos puertas, una de chicas y otra de chicos. Adentro, un vestidor tipo SPA donde te deshacías de tu ropa de calle y podías elegir entre una túnica y salir en cueros.

Yo elegí los cueros. Traía un collar de cintura de perlas que terminaba en una borla dorada que colgaba sobre la línea de mi trasero y se fijaba en mi ombligo con una esmeralda hecha a la medida, suficientemente decorada.

Salí. Era un salón general, donde había gente con cara de querer y no querer estar, gente mirando a otros de reojo, y gente escaneando la mercancía con cara de cazadores.

Me dieron un mapa donde se veía la distribución del sitio. Decidí comenzar por arriba, donde tenían más equis los salones e ir bajando hasta la salida.

En el cuarto piso había tres salones, el primero era fisting, abriendo la puerta descubrías algo parecido a un monstruo de mil cuerpos unido por brazos, manos y pies metidos en todas las hendiduras de sus compañeros. Había algunas parejas aisladas por los rincones y hacían lo mismo, pero más discretamente.

Del vistazo que di decidí que ese día no era el cuarto para mí y seguí adelante. En el cuarto de en medio había un guardia, quien me dijo cortésmente que ese cuarto era sólo por invitación a socios establecidos del club y no me quiso dar más detalles. Mmm. Eso picó mi curiosidad, pero las reglas son las reglas…

El tercer cuarto tenía un doble telón como el de un cine antiguo. Adentro no se veía absolutamente nada. Un típico dark room. ¿cuáles eran las reglas? Las mismas que en otros, supuse. Puse mis manos hacia adelante y hacia abajo y encontré una mano grande y fuerte, que me atrajo a su miembro erecto.

Se sentía bien y de inmediato me sentí mojada. Le pregunté en susurros si traía protección y me dijo que no. Bueno, soy valiente, pero no taaanto, así que sólo lo besé en la mejilla y salí. Todavía había mucho que descubrir.

El cuarto salón tenía una gran cantidad artilugillos de SM, cadenas en las paredes, exhibidores llenos de todo tipo de instrumentos de dolor: látigos, collares, esposas, etc. Tres chicas esculturales y altísimas en grandes plataformas te recibían y te preguntaban respecto a tu rol y a tus preferencias. Además podías elegir si querías un nivel más alto, o bien mayor privacidad.

A mí me encanta ser dominatrix, y por supuesto disfruto un buen amarre que me ponga a merced de alguien cuya única finalidad es mi placer. Estuve dudando si era el lugar correcto o no. Recorrí las instalaciones para ver si alguien llamaba mi atención, y decidí seguir buscando, más adelante…

En el siguiente piso había a la derecha, un salón parecido a un circo, y en el centro del ring había una orgía de medianas dimensiones, hombres y mujeres entremezclados, conectados por bocas, penes, vaginas, manos, anos y demás, y disfrutando locamente.

La gente alrededor se apoyaba en el circulo y miraba la acción, algunos para ver dónde podían unirse a ella, y otros maravillados, embobados o alucinados ante lo que veían.

Seguí adelante, al siguiente cuarto y este era un cuarto de SW normal, con los hombres exhibiendo a sus hembras para quien quisiera tocarles, y empezar de ahí el intercambio.

Después un cuarto para hombres y otro para chicas. En el de ellos no pude entrar, pero en el de ellas el ambiente estaba de lo más poco animado, algunas besándose, una chica desganada bailando en un palo y dando un show, y muchas mirando, tal vez pensando que ellas no serían las primeras.

De este salí también y después de una serie de lo que parecían cuartos privados, de pronto me vi en el hall de entrada, después de lo que había visto en los primeros salones, los últimos me parecieron bastante sosos, quitándome lo cachondo que llevaba ese día.

Así que, regresé al vestidor, me cambié y regresé a mi hotel a masturbarme un rato con mi consolador favorito: el del conejito.

 

Tags: club, erotismo

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2 Octubre 2009

El opuesto de Ken

todas las niñas sueñan en su infancia con un galán como el Ken de Barbie. Alto, apuesto, siempre presentable y dueño de mil gadgets...

Mirándolo bien, no es más que un chico plástico, donde los atributos sexuales brillan por su ausencia. De pequeña me parecía de lo más normal que Barbie y él fueran novios. Pobre chica, no le quedaba otro remedio, ella y él sin lo que se requiere para llegar más allá.

A estas alturas estoy buscando el opuesto a Ken. Y no, no me refiero a un pene sin cuerpo. (bueno, si me quieren regalar uno, no se los voy a despreciar, eh!) Más bien me refiero a un hombre profundo, que vea más allá de su propia apariencia y que por supuesto tenga una sexualidad bien definida y diferenciada.

En los últimos días he estado hablando con varios amigos y amigas, y todos tienen la misma conclusión, cada día es más dificil conseguir una pareja con quien estar. Les da flojera hacer 'acuerdos' y llegar a 'compromisos', la mayoría ha tenido desencuentros con el amor y tienen miedo a enredarse en alguna relación 'seria'. Y sin embargo, siguen saliendo, siguen buscando, siguen enredandose unos con otros.

Yo entiendo perfectamente a lo que se refieren. He buscado y dudado y esperado y me he esperanzado.

Ahora sólo busco al opuesto de Ken. No quiero una pareja que a la primera de cambio esté moviendo mis perfumes de los cajones para meter sus cosas de afeitar. No quiero alguien que opine que mi ropa es demasiado apretada o demasiado aburrida. No quiero compromisos, ni dueños.

Quiero alguien que esté disponible, que se alegre cuando le llame, que se sienta orgulloso de llevarme al lado, PEEERO que siempre esté dispuesto a jugar, que no sienta que jugar signifique que tiene que ser dueño de las canicas, y sobre todo, que sea puro sexo, que disfrute y sepa hacerme disfrutar, que en vez de plástico y superficial sea profundamente egoísta al saber que si me hace disfrutar va a lograr que yo lo complazca en todo.  Y sobre todo, quiero un muñeco que quiera jugar, y que se pueda moldear a mis fantasías (no uno rígido como el Ken ese)

¿Conocen a alguno?

Por favor denle mi dirección electrónica...

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29 Septiembre 2009

La Busqueda de la Felicidad Sexual

“La gran pregunta” según Freud es el misterio de por qué las mujeres tienen sexo y lo que quieren obtener de éste. La cultura popular dice que lo hacen para obtener amor y compromiso, aunque más y más se piensa que también lo hacen por placer. Ahora hay un nuevo libro “¿por qué las mujeres tienen sexo” de Cindy Meston y David Buss que trata de entender las motivaciones de las mujeres en una manera novedosa: preguntando a más de mil mujeres durante cinco años de investigación. Además tratan de entender cómo pueden alcanzar la satisfacción sexual.

Los tipos de sexo que encontraron van desde el sexo altruista (“pobrecito, es virgen a los treinta”) y el sexo por venganza (“si él se va de pirujas, que vea lo que yo puedo hacer”) hasta el sexo como medicina (“me dolía la cabeza”) y como tratamiento terapéutico (“tenía la autoestima baja”) pasando por el sexo económico, para obtener regalos o que les limpien la casa y el sexo para mantener la paz en casa o como alternativa a una discusión.

Por supuesto el libro habla de cómo las mujeres están confundidas con todo lo que se espera de ellas: disfrutar del sexo pero no demasiado, ser sexy pero no vulgar, no tener sexo con cualquiera pero estar disponible, bueno… y luego los hombres se preguntan la razón de que seamos tan complicadas.

Es importante resaltar que el libro encuentra que las mujeres no siempre son puras y transparentes (¡Qué Sorpresa!)

Tal vez la muestra de mujeres no necesariamente representa a todas las mujeres, pero creo que es un comienzo para dejarnos de tonterías victorianas, y comenzar a ser otra vez simplemente mujeres.

Tags: libros, sexo

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23 Septiembre 2009

Invisible

Después de haber sido invisible para todas las mujeres a su alrededor durante sus años adolescentes y su “juventud” ahora, a los casi cuarenta años Carlos había encontrado a la mujer de sus sueños. Era como cuando compras sobrecitos con pegatinas pensando que tal vez esta vez sí saldrá la que te falta para terminar el álbum, y en este sobre de repente la ves. No lo puedes creer, pero es cierto. Ella era perfecta, amable, cariñosa y sin límites. Sin límites. Había probado todo lo que se le podía ocurrir. Siempre le decía: “eres justo como me lo sugirió mi madre, una dama en la sala y una puta en la cocina… Y a veces también al revés…”

Cuando hacían el amor ella le contaba sus fantasías y él trataba de complacer todas y cada una de ellas.

Cuando pensaba que había ya llegado a todo lo que podía darle, y darse placer, tuvo una nueva oportunidad. La visita de su amigo para ir aún más lejos. Su amigo venía de un año en un viaje de exploración petrolera.

Juan, un amigo de años, simpático y trabajador, pasó a quedarse con ellos una noche al regresar del viaje, y mientras tomaba el avión que lo llevaría a su casa. Como de costumbre, hablaron de cosas del viaje, hasta que se detuvieron en su tema favorito: el sexo.

- -¿Sabes hace cuanto que no estoy con una mujer? Creo que ya ni me acuerdo de cómo son ellas.

- -No te creo. Es algo que no se olvida.

En eso estaban cuando entró ella, con una bandeja de sus famosas galletas de almendra con naranja, recién horneadas en honor al invitado.

Y tuvo la idea. Carlos se disculpó y entró a la habitación. Tomó todo lo que necesitaba y regresó.

- -Ya que vienes de tanto trabajar, qué tal si jugamos un rato para relajarnos. Este juego se llama “Fantasías Secretas”.

Juan le miró con cara de no entender un carajo, pero ella se sonrojó y sonrió al ver lo que sacó de su pantalón. La mascada con la que cubría sus ojos cuando la amarraba a la cama para jugar a la víctima y el verdugo.

Empezamos tapando los ojos de uno de nosotros. ¿Princesa, quieres empezar tu? Vamos a empezar con una de tus fantasías secretas. Ella accedió y dócilmente permitió que cubriera sus ojos con la mascada. Su cara estaba ahora de un rosa encendido.

Querida, Juan me estaba contando que ya no se acuerda cómo son las mujeres. ¿Qué tal si te quitas la blusa para que empiece a recordar? Era un riesgo calculado. El acuerdo entre ambos era que él pedía y ella decidía si accedía o no. Pero ella tenía la última palabra. Pasaron diez lentos segundos y finalmente ella movió lentamente su mano hacia sus botones y los desabrochó uno a uno. También accedió cuando le pidió que se quitara el brassiere de encaje rosa que traía puesto.

- ¿Qué te parece si le enseñas a Juan lo que te gusta hacer cuando estás sola para ponerte en ambiente?

Ella hizo un pequeño ruido, mezcla de sorpresa y gusto, y comenzó a pasar su palma abierta por sus senos, acariciando suavemente sus pezones hasta que estos se pusieron duros y entonces comenzó a pellizcarlos con la punta de sus dedos mojados por su lengua.

- -¿Te excita mi amor?

Ella sólo asiente con la cabeza.

- -¿te moja?

Ella ríe.

Quítate los pantalones y la tanga para que nuestro huésped pueda ver cómo se ve un sexo de mujer excitado.

Ella tira la cabeza para atrás y un gran suspiro. Pero obedece. Se levanta y suelta los botones de sus vaqueros. Y se libera de ellos.

- -Juan, ¿ves bien?

Él no atina a contestar, su boca está abierta y sus ojos desorbitados ante esa belleza desnuda frente a él.

- -Abre más las piernas para que vea bien lo mojada que estás.

Ella obedece.

- Princesa, ¿no se te antoja jugar un poquito con tu clítoris?

Ella ríe, pero su mano ya está en su boca mojando sus dedos y comienza a acariciarse aún más.

- Oye, no creo que sea de buenos anfitriones que sólo tú disfrutes y dejes aquí a Juan nada más viendo. ¿Qué te parece si le das una mamada, de esas ricas que te gusta dar?

Ella se queda quieta. Totalmente quieta. Cinco, seis, siete segundos. Asiente. Y se pone a gatas en la dirección en la que se imagina que aún está Juan.

Juan a estas alturas ya está sin pantalones y con el pene erecto y las piernas abiertas tratando de acomodarse.

Ella comienza lentamente con la lengua y no necesita más instrucciones. Él suspira y gime y se retuerce en el sillón.

Juan le pregunta si la puede penetrar.

Le dice que le debe preguntar a ella y que eso sería usar su turno en el juego. Él accede. Ella también. La recuesta y comienza a cogerla como si fuese una muñeca inflable, sin más que su propio placer en mente.

No necesitó quedarse a verlo acabar. Sabía que ella no se vendría. No con la rapidez que él usaba y mucho menos con su falta de tacto para hacerlo.

Carlos se fue a la habitación, se desvistió, se dio una ducha, se lavó los dientes y se metió a la cama. Oyó algo de plática en el salón. Una plática de amigos, como si hubiesen estado tomando un café.

Pasos. Ella entró a la recamara.

- ¿Cómo estuvo la fantasía?

- ¡Muy bien!

- ¿Te viniste?

Ella dudó. No había una respuesta correcta a esa pregunta.

- No.

- Pues muy mal. Eso no es ser buena anfitriona. La próxima vez que quieras que te vea mientras te cogen, me haces el favor de tener un orgasmo.

Llamó a Juan y le invitó a pasar a la habitación.

- ¿Cómo vas Juan? ¿Listo para seguir? Ahora vas a hacer tú también lo que yo te pida.

- Óyeme no.

- Si. Claro que sí. El juego no ha acabado.

Juan no tiene más remedio que acceder.

Carlos le instruye a que acaricie con su lengua el clítoris de ella. Juan comienza. Con precisión militar Carlos va diciéndole poco a poco cómo hacerlo para que ella tenga más y más placer. Ella se convulsiona toda. Cuando su respiración cambia. Esa respiración tan conocida que le dice que está a punto de venirse, lo detiene.

El pene de Juan está erecto otra vez.

- Ahora quítate y observa cómo se debe tratar a una mujer.

Y entonces procedió a hacerle el amor como si lo único que fuera importante en todo su universo fuera ella.

La hizo montarlo, y ella se estremecía.

Juan estaba fascinado mirando todo lo que sucedía en la habitación, sin moverse. Casi sin respirar.

Ella tenía un orgasmo tras otro y gritaba y gemía.

Carlos le preguntó si aún deseaba cumplir su “otra” fantasía.

Ella se detuvo. Lo miró y le dijo.

- Mi amor, yo ya cumplí la mía hoy. Te toca a ti.

- Mi fantasía es cumplir las tuyas.

- Está bien.

Entonces Carlos se volvió a Juan.

- Ven y acuéstate aquí.

Juan no dudó un segundo, se acostó en la cama boca arriba con el pene erecto, expectante.

- Ahora, preciosa, móntalo.

Ella comenzó a montarlo.

Carlos tomó un tubo de lubricante y otro condón. Untó sus dedos con el lubricante y comenzó a tocarla en el ano y a introducir su dedo. Primero uno, luego otro, y otro más. Comenzó a sentir el ritmo en su brazo y los tres se convirtieron en un solo ritmo. Cuando sintió que ella se relajaba y se excitaba aún más, se colocó el condón nuevo y la penetró.

La sensación era extraña, aún más apretada que en otras ocasiones, y con esta cosa viva que se movía al ritmo de él.

Nadie paró. Se convirtieron en tres partes de un rompecabezas perfecto, que se movía al unísono y se olvidaba de sus partes para entregarse a un todo.

Los ruidos de los tres eran algo que ninguno se había escuchado a sí mismo emitir antes. Era algo animal, algo primitivo que les excitaba y les asustaba a la vez.

Terminó primero Juan. Predecible. Después Carlos, y durante ese tiempo ella se vino una y otra y otra vez.

Quedaron los tres exhaustos, sudados sobre la cama.

Ella volteó a ver a Carlos y le besó.

- Gracias. Dos fantasías el mismo día.

Volteó a ver a Juan y le dijo:

- ¿Quieres algo de tomar?

Acto seguido se levanta y se va a la cocina.

Juan se da cuenta que está desnudo con su amigo en la cama y se pone rojo, casi morado. Balbucea algo y sale disparado al baño.

Carlos sonríe, cierra los ojos y escucha a lo lejos el ruido en la cocina de la mujer que le vió cuando era invisible, de la que le roba el sueño y le hace llegar a lugares donde nunca imaginó ir.

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Que quieres ser de grande? Cuando tenía 12 años descubrí la respuesta a esta pregunta. Todavia recuerdo el pequeño libro con pastas azules, la historia de Diane de Poitiers, cortesana, amante del rey Enrique II de Francia, quien estuvo casado con Catalina de Medici. Era una amante tan fantástica que los hombres de la corte soñaban con pasar por su cama, que enseñaba a las jovenes todos los grandes secretos del amor, para poder usarlos después como armas de poder en el otro gran juego que es la política. Esta historia me fascinó, y en mis adentros me dije, ahora sé que quiero ser de grande... Una cortesana. Tengo que confesar algo, no tengo ninguna escuela formal de cortesana, hasta hoy, todas mis historias han sido por gusto, por el gusto al arte del amor. Este blog trata de mis historias. DirectorioPlus
   
   
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