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La Coctelera

Historias y fantasías de una cortesana del siglo XXI

Quien escribe sobre lo vivido y vive sobre lo escrito, quien se rebela contra eso de que hoy la gente solo cuenta sus sueños pero no se atreve a vivirlos, termina enredado en los estrechísimos límites entre la realidad y la ficción.

7 Octubre 2009

El Club

Me platicaron tanto del sitio, que en el último viaje que tuve a San Francisco, decidí visitarlo, a pesar de la nada despreciable cuota de mil dólares de entrada.

El sistema de reservación era de lo más moderno, el que te presenta envía un mensaje a un celular sin rastro con tu mail y en éste recibes una contraseña.

Después entras en una página de internet encriptada donde introduces esta contraseña. Te dan un lugar geográfico en San Francisco. Cuando llegas a esas coordenadas con tu GPS, prendes tu blue tooth y recibes el mapa del lugar y el número de tu reservación.

Yo a esas alturas comencé a pensar que tal vez era demasiado trabajo para un club. Pero mi curiosidad era grande.

Después de una visita tipo McGuiver por la ciudad obtuve la dirección. Un edificio en Jordan Park, un barrio de alta alcurnia, que por fuera parece una vivienda como tantas otras. Con la única diferencia de un estacionamiento con valet parking que parecía bastante ocupado. Ningún letrero, ninguna luz fuera de lugar.

Me recibieron el auto como si fuese una estrella, y me preguntaron mi clave. Al estar en la lista me escoltaron a la puerta sin hacer barullo y entré.

La entrada era un hall lindo con dos puertas, una de chicas y otra de chicos. Adentro, un vestidor tipo SPA donde te deshacías de tu ropa de calle y podías elegir entre una túnica y salir en cueros.

Yo elegí los cueros. Traía un collar de cintura de perlas que terminaba en una borla dorada que colgaba sobre la línea de mi trasero y se fijaba en mi ombligo con una esmeralda hecha a la medida, suficientemente decorada.

Salí. Era un salón general, donde había gente con cara de querer y no querer estar, gente mirando a otros de reojo, y gente escaneando la mercancía con cara de cazadores.

Me dieron un mapa donde se veía la distribución del sitio. Decidí comenzar por arriba, donde tenían más equis los salones e ir bajando hasta la salida.

En el cuarto piso había tres salones, el primero era fisting, abriendo la puerta descubrías algo parecido a un monstruo de mil cuerpos unido por brazos, manos y pies metidos en todas las hendiduras de sus compañeros. Había algunas parejas aisladas por los rincones y hacían lo mismo, pero más discretamente.

Del vistazo que di decidí que ese día no era el cuarto para mí y seguí adelante. En el cuarto de en medio había un guardia, quien me dijo cortésmente que ese cuarto era sólo por invitación a socios establecidos del club y no me quiso dar más detalles. Mmm. Eso picó mi curiosidad, pero las reglas son las reglas…

El tercer cuarto tenía un doble telón como el de un cine antiguo. Adentro no se veía absolutamente nada. Un típico dark room. ¿cuáles eran las reglas? Las mismas que en otros, supuse. Puse mis manos hacia adelante y hacia abajo y encontré una mano grande y fuerte, que me atrajo a su miembro erecto.

Se sentía bien y de inmediato me sentí mojada. Le pregunté en susurros si traía protección y me dijo que no. Bueno, soy valiente, pero no taaanto, así que sólo lo besé en la mejilla y salí. Todavía había mucho que descubrir.

El cuarto salón tenía una gran cantidad artilugillos de SM, cadenas en las paredes, exhibidores llenos de todo tipo de instrumentos de dolor: látigos, collares, esposas, etc. Tres chicas esculturales y altísimas en grandes plataformas te recibían y te preguntaban respecto a tu rol y a tus preferencias. Además podías elegir si querías un nivel más alto, o bien mayor privacidad.

A mí me encanta ser dominatrix, y por supuesto disfruto un buen amarre que me ponga a merced de alguien cuya única finalidad es mi placer. Estuve dudando si era el lugar correcto o no. Recorrí las instalaciones para ver si alguien llamaba mi atención, y decidí seguir buscando, más adelante…

En el siguiente piso había a la derecha, un salón parecido a un circo, y en el centro del ring había una orgía de medianas dimensiones, hombres y mujeres entremezclados, conectados por bocas, penes, vaginas, manos, anos y demás, y disfrutando locamente.

La gente alrededor se apoyaba en el circulo y miraba la acción, algunos para ver dónde podían unirse a ella, y otros maravillados, embobados o alucinados ante lo que veían.

Seguí adelante, al siguiente cuarto y este era un cuarto de SW normal, con los hombres exhibiendo a sus hembras para quien quisiera tocarles, y empezar de ahí el intercambio.

Después un cuarto para hombres y otro para chicas. En el de ellos no pude entrar, pero en el de ellas el ambiente estaba de lo más poco animado, algunas besándose, una chica desganada bailando en un palo y dando un show, y muchas mirando, tal vez pensando que ellas no serían las primeras.

De este salí también y después de una serie de lo que parecían cuartos privados, de pronto me vi en el hall de entrada, después de lo que había visto en los primeros salones, los últimos me parecieron bastante sosos, quitándome lo cachondo que llevaba ese día.

Así que, regresé al vestidor, me cambié y regresé a mi hotel a masturbarme un rato con mi consolador favorito: el del conejito.

 

Tags: club, erotismo

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2 Octubre 2009

El opuesto de Ken

todas las niñas sueñan en su infancia con un galán como el Ken de Barbie. Alto, apuesto, siempre presentable y dueño de mil gadgets...

Mirándolo bien, no es más que un chico plástico, donde los atributos sexuales brillan por su ausencia. De pequeña me parecía de lo más normal que Barbie y él fueran novios. Pobre chica, no le quedaba otro remedio, ella y él sin lo que se requiere para llegar más allá.

A estas alturas estoy buscando el opuesto a Ken. Y no, no me refiero a un pene sin cuerpo. (bueno, si me quieren regalar uno, no se los voy a despreciar, eh!) Más bien me refiero a un hombre profundo, que vea más allá de su propia apariencia y que por supuesto tenga una sexualidad bien definida y diferenciada.

En los últimos días he estado hablando con varios amigos y amigas, y todos tienen la misma conclusión, cada día es más dificil conseguir una pareja con quien estar. Les da flojera hacer 'acuerdos' y llegar a 'compromisos', la mayoría ha tenido desencuentros con el amor y tienen miedo a enredarse en alguna relación 'seria'. Y sin embargo, siguen saliendo, siguen buscando, siguen enredandose unos con otros.

Yo entiendo perfectamente a lo que se refieren. He buscado y dudado y esperado y me he esperanzado.

Ahora sólo busco al opuesto de Ken. No quiero una pareja que a la primera de cambio esté moviendo mis perfumes de los cajones para meter sus cosas de afeitar. No quiero alguien que opine que mi ropa es demasiado apretada o demasiado aburrida. No quiero compromisos, ni dueños.

Quiero alguien que esté disponible, que se alegre cuando le llame, que se sienta orgulloso de llevarme al lado, PEEERO que siempre esté dispuesto a jugar, que no sienta que jugar signifique que tiene que ser dueño de las canicas, y sobre todo, que sea puro sexo, que disfrute y sepa hacerme disfrutar, que en vez de plástico y superficial sea profundamente egoísta al saber que si me hace disfrutar va a lograr que yo lo complazca en todo.  Y sobre todo, quiero un muñeco que quiera jugar, y que se pueda moldear a mis fantasías (no uno rígido como el Ken ese)

¿Conocen a alguno?

Por favor denle mi dirección electrónica...

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29 Septiembre 2009

La Busqueda de la Felicidad Sexual

“La gran pregunta” según Freud es el misterio de por qué las mujeres tienen sexo y lo que quieren obtener de éste. La cultura popular dice que lo hacen para obtener amor y compromiso, aunque más y más se piensa que también lo hacen por placer. Ahora hay un nuevo libro “¿por qué las mujeres tienen sexo” de Cindy Meston y David Buss que trata de entender las motivaciones de las mujeres en una manera novedosa: preguntando a más de mil mujeres durante cinco años de investigación. Además tratan de entender cómo pueden alcanzar la satisfacción sexual.

Los tipos de sexo que encontraron van desde el sexo altruista (“pobrecito, es virgen a los treinta”) y el sexo por venganza (“si él se va de pirujas, que vea lo que yo puedo hacer”) hasta el sexo como medicina (“me dolía la cabeza”) y como tratamiento terapéutico (“tenía la autoestima baja”) pasando por el sexo económico, para obtener regalos o que les limpien la casa y el sexo para mantener la paz en casa o como alternativa a una discusión.

Por supuesto el libro habla de cómo las mujeres están confundidas con todo lo que se espera de ellas: disfrutar del sexo pero no demasiado, ser sexy pero no vulgar, no tener sexo con cualquiera pero estar disponible, bueno… y luego los hombres se preguntan la razón de que seamos tan complicadas.

Es importante resaltar que el libro encuentra que las mujeres no siempre son puras y transparentes (¡Qué Sorpresa!)

Tal vez la muestra de mujeres no necesariamente representa a todas las mujeres, pero creo que es un comienzo para dejarnos de tonterías victorianas, y comenzar a ser otra vez simplemente mujeres.

Tags: libros, sexo

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23 Septiembre 2009

Invisible

Después de haber sido invisible para todas las mujeres a su alrededor durante sus años adolescentes y su “juventud” ahora, a los casi cuarenta años Carlos había encontrado a la mujer de sus sueños. Era como cuando compras sobrecitos con pegatinas pensando que tal vez esta vez sí saldrá la que te falta para terminar el álbum, y en este sobre de repente la ves. No lo puedes creer, pero es cierto. Ella era perfecta, amable, cariñosa y sin límites. Sin límites. Había probado todo lo que se le podía ocurrir. Siempre le decía: “eres justo como me lo sugirió mi madre, una dama en la sala y una puta en la cocina… Y a veces también al revés…”

Cuando hacían el amor ella le contaba sus fantasías y él trataba de complacer todas y cada una de ellas.

Cuando pensaba que había ya llegado a todo lo que podía darle, y darse placer, tuvo una nueva oportunidad. La visita de su amigo para ir aún más lejos. Su amigo venía de un año en un viaje de exploración petrolera.

Juan, un amigo de años, simpático y trabajador, pasó a quedarse con ellos una noche al regresar del viaje, y mientras tomaba el avión que lo llevaría a su casa. Como de costumbre, hablaron de cosas del viaje, hasta que se detuvieron en su tema favorito: el sexo.

- -¿Sabes hace cuanto que no estoy con una mujer? Creo que ya ni me acuerdo de cómo son ellas.

- -No te creo. Es algo que no se olvida.

En eso estaban cuando entró ella, con una bandeja de sus famosas galletas de almendra con naranja, recién horneadas en honor al invitado.

Y tuvo la idea. Carlos se disculpó y entró a la habitación. Tomó todo lo que necesitaba y regresó.

- -Ya que vienes de tanto trabajar, qué tal si jugamos un rato para relajarnos. Este juego se llama “Fantasías Secretas”.

Juan le miró con cara de no entender un carajo, pero ella se sonrojó y sonrió al ver lo que sacó de su pantalón. La mascada con la que cubría sus ojos cuando la amarraba a la cama para jugar a la víctima y el verdugo.

Empezamos tapando los ojos de uno de nosotros. ¿Princesa, quieres empezar tu? Vamos a empezar con una de tus fantasías secretas. Ella accedió y dócilmente permitió que cubriera sus ojos con la mascada. Su cara estaba ahora de un rosa encendido.

Querida, Juan me estaba contando que ya no se acuerda cómo son las mujeres. ¿Qué tal si te quitas la blusa para que empiece a recordar? Era un riesgo calculado. El acuerdo entre ambos era que él pedía y ella decidía si accedía o no. Pero ella tenía la última palabra. Pasaron diez lentos segundos y finalmente ella movió lentamente su mano hacia sus botones y los desabrochó uno a uno. También accedió cuando le pidió que se quitara el brassiere de encaje rosa que traía puesto.

- ¿Qué te parece si le enseñas a Juan lo que te gusta hacer cuando estás sola para ponerte en ambiente?

Ella hizo un pequeño ruido, mezcla de sorpresa y gusto, y comenzó a pasar su palma abierta por sus senos, acariciando suavemente sus pezones hasta que estos se pusieron duros y entonces comenzó a pellizcarlos con la punta de sus dedos mojados por su lengua.

- -¿Te excita mi amor?

Ella sólo asiente con la cabeza.

- -¿te moja?

Ella ríe.

Quítate los pantalones y la tanga para que nuestro huésped pueda ver cómo se ve un sexo de mujer excitado.

Ella tira la cabeza para atrás y un gran suspiro. Pero obedece. Se levanta y suelta los botones de sus vaqueros. Y se libera de ellos.

- -Juan, ¿ves bien?

Él no atina a contestar, su boca está abierta y sus ojos desorbitados ante esa belleza desnuda frente a él.

- -Abre más las piernas para que vea bien lo mojada que estás.

Ella obedece.

- Princesa, ¿no se te antoja jugar un poquito con tu clítoris?

Ella ríe, pero su mano ya está en su boca mojando sus dedos y comienza a acariciarse aún más.

- Oye, no creo que sea de buenos anfitriones que sólo tú disfrutes y dejes aquí a Juan nada más viendo. ¿Qué te parece si le das una mamada, de esas ricas que te gusta dar?

Ella se queda quieta. Totalmente quieta. Cinco, seis, siete segundos. Asiente. Y se pone a gatas en la dirección en la que se imagina que aún está Juan.

Juan a estas alturas ya está sin pantalones y con el pene erecto y las piernas abiertas tratando de acomodarse.

Ella comienza lentamente con la lengua y no necesita más instrucciones. Él suspira y gime y se retuerce en el sillón.

Juan le pregunta si la puede penetrar.

Le dice que le debe preguntar a ella y que eso sería usar su turno en el juego. Él accede. Ella también. La recuesta y comienza a cogerla como si fuese una muñeca inflable, sin más que su propio placer en mente.

No necesitó quedarse a verlo acabar. Sabía que ella no se vendría. No con la rapidez que él usaba y mucho menos con su falta de tacto para hacerlo.

Carlos se fue a la habitación, se desvistió, se dio una ducha, se lavó los dientes y se metió a la cama. Oyó algo de plática en el salón. Una plática de amigos, como si hubiesen estado tomando un café.

Pasos. Ella entró a la recamara.

- ¿Cómo estuvo la fantasía?

- ¡Muy bien!

- ¿Te viniste?

Ella dudó. No había una respuesta correcta a esa pregunta.

- No.

- Pues muy mal. Eso no es ser buena anfitriona. La próxima vez que quieras que te vea mientras te cogen, me haces el favor de tener un orgasmo.

Llamó a Juan y le invitó a pasar a la habitación.

- ¿Cómo vas Juan? ¿Listo para seguir? Ahora vas a hacer tú también lo que yo te pida.

- Óyeme no.

- Si. Claro que sí. El juego no ha acabado.

Juan no tiene más remedio que acceder.

Carlos le instruye a que acaricie con su lengua el clítoris de ella. Juan comienza. Con precisión militar Carlos va diciéndole poco a poco cómo hacerlo para que ella tenga más y más placer. Ella se convulsiona toda. Cuando su respiración cambia. Esa respiración tan conocida que le dice que está a punto de venirse, lo detiene.

El pene de Juan está erecto otra vez.

- Ahora quítate y observa cómo se debe tratar a una mujer.

Y entonces procedió a hacerle el amor como si lo único que fuera importante en todo su universo fuera ella.

La hizo montarlo, y ella se estremecía.

Juan estaba fascinado mirando todo lo que sucedía en la habitación, sin moverse. Casi sin respirar.

Ella tenía un orgasmo tras otro y gritaba y gemía.

Carlos le preguntó si aún deseaba cumplir su “otra” fantasía.

Ella se detuvo. Lo miró y le dijo.

- Mi amor, yo ya cumplí la mía hoy. Te toca a ti.

- Mi fantasía es cumplir las tuyas.

- Está bien.

Entonces Carlos se volvió a Juan.

- Ven y acuéstate aquí.

Juan no dudó un segundo, se acostó en la cama boca arriba con el pene erecto, expectante.

- Ahora, preciosa, móntalo.

Ella comenzó a montarlo.

Carlos tomó un tubo de lubricante y otro condón. Untó sus dedos con el lubricante y comenzó a tocarla en el ano y a introducir su dedo. Primero uno, luego otro, y otro más. Comenzó a sentir el ritmo en su brazo y los tres se convirtieron en un solo ritmo. Cuando sintió que ella se relajaba y se excitaba aún más, se colocó el condón nuevo y la penetró.

La sensación era extraña, aún más apretada que en otras ocasiones, y con esta cosa viva que se movía al ritmo de él.

Nadie paró. Se convirtieron en tres partes de un rompecabezas perfecto, que se movía al unísono y se olvidaba de sus partes para entregarse a un todo.

Los ruidos de los tres eran algo que ninguno se había escuchado a sí mismo emitir antes. Era algo animal, algo primitivo que les excitaba y les asustaba a la vez.

Terminó primero Juan. Predecible. Después Carlos, y durante ese tiempo ella se vino una y otra y otra vez.

Quedaron los tres exhaustos, sudados sobre la cama.

Ella volteó a ver a Carlos y le besó.

- Gracias. Dos fantasías el mismo día.

Volteó a ver a Juan y le dijo:

- ¿Quieres algo de tomar?

Acto seguido se levanta y se va a la cocina.

Juan se da cuenta que está desnudo con su amigo en la cama y se pone rojo, casi morado. Balbucea algo y sale disparado al baño.

Carlos sonríe, cierra los ojos y escucha a lo lejos el ruido en la cocina de la mujer que le vió cuando era invisible, de la que le roba el sueño y le hace llegar a lugares donde nunca imaginó ir.

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18 Junio 2009

Servicio a domicilio

Servicio a domicilio

Hoy la vendieron. Estoy desolada. Voy a tener que buscarme un pasatiempo para el tiempo que me acaban de liberar. Ahora voy a tener que realmente buscarme una clase de algo los lunes, miércoles y viernes.

Todo empezó hace unos seis meses. De camino a casa pasaba todos los días por la casa. Una casa señorial, preciosa, que tuvo la mala fortuna de estar en una calle que se convirtió en avenida por el tráfico pero sin contar con el espacio, gracias a la falta de planeación absoluta de las autoridades de mi ciudad. Por esta razón, cuando sus dueños se hartaron de no poder entrar ni salir la pusieron en venta. Y así estuvo desde hace casi dos años. Un día apareció en la puerta un hombre con un lindo banderín que anunciaba: VENTA, PASE USTED. Lo vi durante dos o tres semanas, sonriendo, con cara de vendedor, invitando a pasar.

Un día había tanto tráfico que llevaba casi 15 minutos frente a la casa, por lo que decidí ¿por qué no? Entrar a verla. Siempre he sido un poco voyeurista y me encanta saber de qué forma vive la gente. Creo que el voyeurismo más íntimo es ver cómo viven en su propia casa. Sé que no es lo mismo ver una casa habitada que una casa en venta, pero la curiosidad es la misma.

Y entré. Su rostro se iluminó. Imagino lo que debe ser pasar ocho horas sonriendo a los que pasan sin que nadie se digne a mirarte durante meses. Aburrido. Muy aburrido. Haría una buena obra, y aunque no hay manera que compre la casa, por lo menos le daré un rato de entretenimiento.

Muy acomedido comenzó a enseñarme las instalaciones, a mencionar detalles de fineza y de calidad, bueno, pues a hacer su trabajo de vendedor. Y yo, como buena maligna, pues comencé a flirtear. Me dije que sería bueno dejar una huella memorable de mi visita, y dejarle calientito.

La casa estaba montada, parecía que la habían abandonado con prisa. Me comentó que los dueños se divorciaron y ninguno quería vivir en ella, sino que querían venderla con todo lo interior para cada quien hacer su propia vida en un lugar distinto y sin memorias de su fracaso. Y yo pues me senté en la sala y le pedí un vaso de agua para el calor.

El muy acomedido me lo trajo, agua con hielo y se sentó a comentarme más detalles de la casa. Yo, como sin querer, pues saqué un hielo del vaso, y comencé a pasarlo por mi cuello. “hace calor…” Él me comenta que hay una piscina atrás, y que sería la opción, en caso de que yo compre la casa, para pasar el rato cuando esté el clima caliente como ese día.

Un poco triste de que no cejaba en su empeño, accedí a visitarla. Linda alberca, con camastros para asolearse y un comedor montado al lado. Muy lindo, la verdad. Me comenta que del otro lado de la alberca hay un sauna y me invita a verlo. Pues veremos cómo viven los ricos y famosos.

A esas alturas yo ya me quería ir, no llegaba a ningún lado. Caminando hacia el sauna, no veo una manguera, y ¡horror! caigo cuan larga soy dentro de la alberca. Entonces sí. Me quería morir. No sólo no había logrado mi malvado propósito de calentarlo y abandonarlo, sino que hacia el papelón de caerme a la alberca. Mi lindo vestido de verano se pegó a mi cuerpo y yo me sentía como perro mojado.

Me ayudó a salir como todo un caballero, y me acompañó al baño para secarme un poco. Se ofreció a poner mi vestido en la secadora para que pudiera salir de allí de un modo honroso y yo accedí. Intercambié mi vestido por una bata horrorosa color verde fosforescente y me senté a esperar. Me quería morir de la vergüenza.

Él continuó charlando como si nada. Y me dio por llorar. Básicamente era por vergüenza, y por rabia, supongo, pero no podía contenerme. Él al principio no sabía qué hacer, y lo único que atinó fue a abrazarme. Y pues yo seguía llorando, hasta que de pronto, no sé cómo, lo besé. Y él me contestó el beso. Y pues yo ya no tenía ropa, y la de él salió muy fácilmente. Y tuvimos una sesión de sexo fabulosa ahí mismo en los camastros.

Cuando salió mi vestido de la secadora, me vestí con prisa y salí de ahí. No era eso lo que tenía planeado. Fue muy bueno, pero no era eso.

A la semana, pasaba por ahí, y me vio, y me saludó con la mano, invitándome a pasar y enseñándome algo en la mano. Nada más y nada menos que mi brassier. Muerta de la risa, me detuve por él. Entré, y pues aprovechando el viaje, volvimos al sexo, fabulosamente buen sexo. Y entonces comencé a ir cada día más seguido. Hasta que un día decidí que tenía que tener una coartada para estas sesiones tan frecuentes. Era mi clase de baile. Y no me la perdía por nada. Salía de las comidas corriendo para llegar, y no ponía ninguna otra cita a esa hora. Y durante casi seis meses, fui tres veces por semana a mi cita con el vendedor.

Hoy, llegué muy puntual y para mi gran sorpresa, el banderín no estaba, ni la mesa, ni el letrero, ni el vendedor. En vez de ellos, un letrero que muy ufano anunciaba: “Otra propiedad vendida por la inmobiliaria xxx” Se acabaron mis sesiones. Se acabó mi acceso a la vida de los ricos y famosos. Nadar en la alberca desnuda, hacer el amor en seis distintas habitaciones, en el sauna, en la mesa de billar, en el salón de entretenimiento. Y me doy cuenta que a ninguno de los dos se nos ocurrió intercambiar datos de contacto. Estábamos tan seguros de que la casa no se vendería que ni siquiera se nos ocurrió pedirnos el teléfono.

Claro, que no sería lo mismo en un departamento de vendedor de casas. Y por supuesto que no querría tenerlo en mi vida de fijo. No.

Pero ahora, cada vez que paso por una casa en venta, volteo, para ver si alguien me invita a pasar.

Tags: voyeurismo, sexo

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12 Junio 2009

Back to business

Y bueno. Viendo mi último post veo que pasaron nueve lunas sin aparecerme por aquí.

Después de las promesas de no volver a dejar de escribir.

Y elijo hoy, cuando en realidad no debería. Tengo una gripe horrible que casi no me permite leer lo que escribo porque cierra mis ojos y sin embargo, tenía que hacerlo.

Ayer me dí cuenta que todavía tengo prejuicios.  Prejuicios feos y tontos. Estoy haciendo una búsqueda para una niñera para un cliente y encuentro la niñera perfecta, de acuerdo a sus solicitudes, norteamericana del centro (lindo acento) con un certificado de maestra de inglés para estudiantes de otras lenguas, jóven, disponible, simpática, con recomendaciones. Le escribo, la animo, la chica me pasa su myspace y al entrar me horrorizo. Resulta que es pagana, lesbiana y metalera con rastas en la cabeza.

Al principio pienso que tengo que eliminarla de la lista, no vayan a ser que piensen que a mí no me importan ese tipo de "preferencias" y entonces vaya a poner en riesgo mi órden en el mundo que habito.

Y después me acuerdo...

Yo a los diecinueve era pagana. (WICCA por la gracia de DIANA)

Yo a los diecinueve era metalera.

No usaba rastas ni tatuajes porque en esa época no se usaban, pero usaba el equivalente...

Y no era lesbiana, pero mi círculo social era TOTALMENTE homosexual.

Y sin embargo, yo era una buena chica, decente sin vicios y totalmente confiable. Y a pesar de mis preferencias o mis gustos (que además sólo me debían importar a mi) o a los gustos de mis amigos, tenía todo para convertirme en lo que soy ahora y que me gusta tanto.

¿O será que me asusté al verme en ese espejo?

Me horroricé de lo que hacen algunos años de domesticación respecto al miedo que te provoca lo que piensen los demás.

Prometo observarme más y no caer en la trampa.

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16 Septiembre 2008

Iniciativa

Ayer me preguntó un hombre cual es la razón por la que las chicas nunca toman la iniciativa la primera vez en mi país, es decir, conoces a un hombre, te gusta, sabes que lo que quieres con él es una relación básicamente sexual, y sin embargo, en vez de decirle 'hey, me gustaría hacerte el amor' lo que haces es darle señales, hacerle gestos, tocarle, pero esperas pacientemente a que él sea quien te invite a la cama.

Al principio protesté (digo, al final YO SOY muy abierta y proactiva) pero pensandolo bien, creo que a lo más que he llegado es a besar a alguien antes que él me bese, es decir, no he dicho las palabras.

Supongo que tiene que ver con la educación, con lo que se espera de las chicas, es decir, ellas son modositas, monas, agradables, pero ellas aceptan, no buscan. Se dice que el hombre propone y la mujer dispone...

¿Será? Lo peor, según mi amigo, es que en muchos casos, si ellos hacen la solicitud con todas sus letras, entonces ellas se ofenden, y por supuesto dicen que no, a pesar de que si lo que hubiese pasado es que si en vez de preguntar directamente hubiesen, por ejemplo, comenzado con un beso, una caricia, segúramente se hubiesen arrancado el vestido rápidamente.

¿Será que el problema reside más bien en la comunicación? Creo que si. La gente no habla de las cosas, conozco mucha gente que actúa como si no hubiese problemas en su vida símplemente porque no habla de ellos, parejas que saben perfectamente que lo suyo ya no funciona, pero que como no se hablan, tampoco pueden arreglarlo.

Sé que el 90% de la comunicación es no oral, sino corporal, pero ¡esto es demasiado!

Y sin embargo, algo que sucede cada vez más a menudo es que la gente puede perfectamente decirlo por medios electrónicos, veo chicos y chicas mandandose mensajes de texto o por mensajero que son mucho más explicitos de lo que se atreverían siquiera a decir en pleno acto de fornicio (uy, que elegante me puse) y que a la hora de la hora les gana la timidez, y ponen cara de vírgenes puras (y puros) tal vez esa es la respuesta, llevamos los celulares al restaurante, y pue a la hora de que se te antoje, pues en vez de decirlo, se lo escribes, el otro te contesta, sonríen ambos, y tranquilamente pagan y se van a hacer el amor.

Voy a intentar este nuevo sistema y si sirve, lo incluiré en mi lista de temas de la escuela de Sexo (cómo conseguir cama con alguien caliente en una sola cita)

Ya les avisaré si funcionó. Por lo pronto, un beso húmedo y sexy a ti.

Tags: iniciativa, citas

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8 Septiembre 2008

obsesiones

¿será que lo único interesante es lo que no puede ser tuyo?

varias veces obsesionada con alguien que no me hace caso. O más bien, me hace caso pero poco y mal. O queda de hablar y no lo hace.

Y al parecer eso pasa también a la inversa. Cuando conoces a alguien que no te late, y te sigue hablando, hasta cuando eres casi grosera con él y le dices que no tiene nada de interesante.

Acabo de leer un libro que dice que la mejor manera de volver loco a alguien es fingiendo que no te interesa tanto, y haciéndote la dificil. Al principio reí, pensando en que era algo del siglo XVIII, pero después comencé a pensar que seguramente es cierto.

Lo probaré, a ver que pasa. Tal vez me convierto en la obsesión de alguien que me encante, y bueno, ya que esté obsesionado, le diré que si. je, je.

Tags: obsesion

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Historias y fantasías de una cortesana del siglo XXI

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Que quieres ser de grande? Cuando tenía 12 años descubrí la respuesta a esta pregunta. Todavia recuerdo el pequeño libro con pastas azules, la historia de Diane de Poitiers, cortesana, amante del rey Enrique II de Francia, quien estuvo casado con Catalina de Medici. Era una amante tan fantástica que los hombres de la corte soñaban con pasar por su cama, que enseñaba a las jovenes todos los grandes secretos del amor, para poder usarlos después como armas de poder en el otro gran juego que es la política. Esta historia me fascinó, y en mis adentros me dije, ahora sé que quiero ser de grande... Una cortesana. Tengo que confesar algo, no tengo ninguna escuela formal de cortesana, hasta hoy, todas mis historias han sido por gusto, por el gusto al arte del amor. Este blog trata de mis historias. DirectorioPlus
   
   
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