El viaje en taxi. Sexo dactilar.
Lo conocí en el bar. Acompañando a mis amigas de fiesta. Yo no quería ir. Estaba cansada, muy cansada. Pero fui. Se acercó a mi. Cuerpo largo y delgado, sonrisa perfecta, ojos de fuego negro. Yo jugando a la dificil, encontraba y no encontraba sus ojos, sonreía a medias, tímidamente. Hasta que se acercó y me invitó un trago. Charlando empecé a acariciar mi cuello, como quien no quiere la cosa. A sonreir. Se por su mirada que es mío. Que basta un ligero toque para empujarlo al abismo de mi cuerpo, y que se hundirá feliz.
Mis amigas quieren irse. Yo también. Me pregunta donde vivo. Al sur. Muy cerca de él. Que coincidencia. ¿Compartimos taxi? Si, los costos están imposibles últimamente. Voy al baño. Decido quitarme las bragas. Mis medias de liguero no estorbarán nada para mi plan.
Entramos al taxi. Levanto por atrás mi amplia falda. Estoy feliz de haber elegido esta. Lo hice por pereza, pero ahora es de lo más conveniente. Siento la piel del asiento contra mis nalgas. Arqueo la espalda para que mi monte la sienta también, empiezo a sentir la humedad crecer en mi vagina, emito un pequeño ruido.
El va mirando por la ventana, voltea y mira lo que estoy haciendo. Entonces, se acerca a mi cuello y lo besa. Toda mi piel se eriza con el roce.
Mete su mano bajo mi falda y acaricia mis muslos. "Que piel tan suave tienes, ¿puedo explorarla?" Lo miro, por toda respuesta. Sube su mano hasta mis labios, que están abiertos, mojados de expectación. Sonríe al ver que no tengo bragas puestas, y empieza a acariciarme, suavemente, delicadamente. Yo muevo mi cadera para forzarle a tocarme más, y el se retira. Lo miro con reproche. Saca su mano debajo de mi falda y abre mi blusa. Toca mis pechos, aprieta mis pezones, mientras mordisquea mi oreja.
Mi espalda se arquea más aún. Estoy rozandome contra el asiento. No me importa si está limpio o sucio. Necesito el toque. Estoy cada vez más excitada.
Entonces, su mano deja mi pecho y regresa bajo mi falda. Ahora, su pulgar acaricia mi clítoris, delicadamente al principio, y cada vez con más fuerza. Lo beso, nuestras lenguas chocan y se enredan en un abrazo húmedo, que manda descargas eléctricas desde ahí hasta mi sexo, y la humedad de ambos se iguala.
Introduce un dedo largo y grueso en mi, y empieza a moverlo dentro. Siente mi humedad, y decide introducir otro. Con los dos dedos dentro empieza a descubrir mi cueva secreta, tocando lugares que me hacen ver desfilar la galaxia frente a mis ojos.
Vuelve a sacarlos, y me pide que le de la espalda. Lo hago. Y desde atrás, acaricia mis nalgas, como si fueran dos tesoros preciosos, y se dirige otra vez a mis labios. Entra dos dedos mientras acaricia mi clítoris, y los mueve dentro de una manera que nunca nadie lo ha hecho. Siento un orgasmo formarse dentro de mi. Y explotar. Los músculos de mi vagina aprietan sus dedos como si quisieran engullirlos, y descargas eléctricas hacen que no pueda dejar de moverme.
El taxi se detiene. Hemos llegado a su casa. Me pregunta si quiero seguir, arriba, con nuestro asunto. Acepto, claro. Bajo la mirada lasciva y envidiosa del taxista, toma mi cintura y me lleva hasta la puerta del edificio.
Volteo a ver al taxista, y acaricio mis labios con mi lengua. Le agradezco el viaje. El me besa, apasionadamente antes de dejarme pasar por el umbral para dirigirme, seguramente, al paraíso terrenal.






luciaycarlos dijo
Un relato intenso y apasionado... genial
25 Noviembre 2007 | 06:59 PM