Todo empezó por sus muñecas. Tienen un color traslúcido, una calidad de marmol, y su olor.
Nunca lo hubiese creído. Desear de esa manera a una mujer.
Todo empezó como un juego. Con el tema favorito, en una fiesta de chicas. Despedida de soltera, solo mujeres. Quejándose de los hombres. Ella y yo no compartimos las ideas. Consideramos que los hombres son un gran regalo y que es un desperdicio de tiempo compartir las quejas.
Comenzamos a hablar de ellos. De que le gustaba más, como hacía sus conquistas, cuales eran sus aventuras más locas. Y con el tiempo empecé a fijarme en ella. Sus ojos color miel, su cabello dorado, su cuerpo jóven y firme. Al principio sentí envidia, y recordé que cuando yo estaba así, me sentía mucho menos a gusto en mi cuerpo que ahora. Gran memoria. Me devolvió mi poder.
Sus pechos son mayores a los míos y sus caderas más estrechas. Soy un poco más alta yo, y a pesar de la diferencia de edad, ella ha hecho cosas que yo sólo he imaginado.
Casi no quedaba nadie en la fiesta, y las que estaban estaban demasiado tristes o borrachas para amenizar.
Comenzamos a hablar de zonas erógenas, cuales son aquellas que no siendo específicamente sexuales, causan que te mojes y desees hacer el amor. Ella habló de su cuello, jugando con su pelo, y de la manera en que con alguien sólo soplando en su nuca podía casi llegar al orgasmo.
Yo comencé a hablar de cómo estoy mal conectada, y mencioné que con pequeñas mordidas en las muñecas, perdía toda noción de cordura, y estaba lista para el sexo.
Y entonces, ella, tomó mi brazo, y comenzando a mordisquear mis muñecas, preguntó "¿Asi?"
Sentí un escalofrío recorrer mi columna. Y entonces me di cuenta. Deseo a esa muñeca.Con una sonrisa comencé a soplar sobre su cuello, como ella lo había descrito.
Y me besó. Sentir sus labios finos sobre los míos, su delicada lengua, me llevó a un lugar donde nunca había estado.
De pronto ambas tomamos consciencia de que estabamos aún en la fiesta. Me tomó de la mano y fuimos en busca de un lugar donde estar sin interrupciones.
Entramos a una recamara del departamento de la fiesta, y continuamos el juego, pequeños besos, caricias, lenguas rondando por cuellos y acercandose peligrosamente a los escotes.
Y entonces, desee verla desnuda. Se lo pedí. Ella, sin decir una palabra, soltó su vestido, y descubrí que no había nada abajo.
Verla ahí, desnuda, como pieza de marmol, encendió aún más mi deseo, y decidí probarla. Ella estaba totalmente depilada, y su sexo parecía el de una niña, pérfecto, como una pequeña sonrisa vertical.
Comencé a pasar mi lengua por su cuello, sus orejas, bajando por su clavícula sobre el centro de su plexo, entre sus senos, hasta su ombligo. Ahí me detuve largo rato, como si quisiera beber de un lago fantástico que estaba a mi alcance. Recorri sus piernas, y chupé sus dedos. A cada momento su cuerpo se convertía en un sólo movimiento. Temblor como de hojas en otoño. Pero ella no se movía, no pedía más. Verla así, tan desvalida, tan deseosa,me hizo desear terminar con susuplicio.
Hundí mi cabeza entre sus piernas, buscando su clítoris. Descubrí una pequeña cereza rojiza. Lamiéndolo, empezó a endurecerse y a crecer entre mis dientes. Y entonces, su miel empezó a fluir. Sus labios de marmol brillantes llamaban mi atención.
Ella, volteo, y empezó a hacerme objeto de su experiencia. Su lengua conoce el idioma secreto del monte de Venus. Sus dedos dentro de mi, todos, casi su puño entero, fueron una fuente de placer que nunca imaginé existiera.
Y entonces descubrí porqué dicen que sólo las mujeres saben lo que quieren. Su lengua empezó a viajar por mi cuerpo, sus pezones se posaron en cada parte de mi. Sentía cada milímetro de su piel sobre la mía, con delicadeza a veces, a veces con dureza. Una sensación nueva, distinta. A la que segúramente podría hacerme adicta.
Y entonces, empezó. La cadena de orgasmos más larga de mi historia. Nunca pensé que pudiera tener tantos, tan pronto y tan seguidos.
Creo que hice justicia también. Ella disfrutó cada momento. Perdimos la noción del tiempo en los brazos de la otra.
De pronto, nos dimos cuenta que hacía rato que lo único que se escuchaba era silencio. La fiesta había terminado. La casa estaba vacía. Seguramente la dueña pensaría que estabamos muy borrachas y fuimos a dormir. Fue lo suficientemente discreta para no entrar.
A la mañana siguiente, despertamos entrelazadas. Nos despedimos cariñosamente. Como dos amigas con un secreto que las convierte en complices.
No la he vuelto a ver. Pero definitivamente, nunca olvidaré lo divertido que puede ser jugar a las muñecas.




Anda que no, las navidades me pido una de esas muñecas.
jejejeje
un beso msx
"Labios de marmol brillantes" Mm, precioso.
Te beso.
Cierto, nos estamos destapando.
Eres fascinante sabías?
Besos
habla de tu alma,
habla de tu esencia,
habla de tus labios que tanto callan,
duermeme en tus sueños,
dame la luz de las sensuales pupilas,
apunta cómo encontrar tu estrella,
dónde esta ubicada,
y por qué, al parecer, tanto enloquece
entonces te llamaré Venus,
mirando la luz de tus labios marcados