Y bueno. Viendo mi último post veo que pasaron nueve lunas sin aparecerme por aquí.
Después de las promesas de no volver a dejar de escribir.
Y elijo hoy, cuando en realidad no debería. Tengo una gripe horrible que casi no me permite leer lo que escribo porque cierra mis ojos y sin embargo, tenía que hacerlo.
Ayer me dí cuenta que todavía tengo prejuicios. Prejuicios feos y tontos. Estoy haciendo una búsqueda para una niñera para un cliente y encuentro la niñera perfecta, de acuerdo a sus solicitudes, norteamericana del centro (lindo acento) con un certificado de maestra de inglés para estudiantes de otras lenguas, jóven, disponible, simpática, con recomendaciones. Le escribo, la animo, la chica me pasa su myspace y al entrar me horrorizo. Resulta que es pagana, lesbiana y metalera con rastas en la cabeza.
Al principio pienso que tengo que eliminarla de la lista, no vayan a ser que piensen que a mí no me importan ese tipo de "preferencias" y entonces vaya a poner en riesgo mi órden en el mundo que habito.
Y después me acuerdo...
Yo a los diecinueve era pagana. (WICCA por la gracia de DIANA)
Yo a los diecinueve era metalera.
No usaba rastas ni tatuajes porque en esa época no se usaban, pero usaba el equivalente...
Y no era lesbiana, pero mi círculo social era TOTALMENTE homosexual.
Y sin embargo, yo era una buena chica, decente sin vicios y totalmente confiable. Y a pesar de mis preferencias o mis gustos (que además sólo me debían importar a mi) o a los gustos de mis amigos, tenía todo para convertirme en lo que soy ahora y que me gusta tanto.
¿O será que me asusté al verme en ese espejo?
Me horroricé de lo que hacen algunos años de domesticación respecto al miedo que te provoca lo que piensen los demás.
Prometo observarme más y no caer en la trampa.




Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados