El Club
Me platicaron tanto del sitio, que en el último viaje que tuve a San Francisco, decidí visitarlo, a pesar de la nada despreciable cuota de mil dólares de entrada.
El sistema de reservación era de lo más moderno, el que te presenta envía un mensaje a un celular sin rastro con tu mail y en éste recibes una contraseña.
Después entras en una página de internet encriptada donde introduces esta contraseña. Te dan un lugar geográfico en San Francisco. Cuando llegas a esas coordenadas con tu GPS, prendes tu blue tooth y recibes el mapa del lugar y el número de tu reservación.
Yo a esas alturas comencé a pensar que tal vez era demasiado trabajo para un club. Pero mi curiosidad era grande.
Después de una visita tipo McGuiver por la ciudad obtuve la dirección. Un edificio en Jordan Park, un barrio de alta alcurnia, que por fuera parece una vivienda como tantas otras. Con la única diferencia de un estacionamiento con valet parking que parecía bastante ocupado. Ningún letrero, ninguna luz fuera de lugar.
Me recibieron el auto como si fuese una estrella, y me preguntaron mi clave. Al estar en la lista me escoltaron a la puerta sin hacer barullo y entré.
La entrada era un hall lindo con dos puertas, una de chicas y otra de chicos. Adentro, un vestidor tipo SPA donde te deshacías de tu ropa de calle y podías elegir entre una túnica y salir en cueros.
Yo elegí los cueros. Traía un collar de cintura de perlas que terminaba en una borla dorada que colgaba sobre la línea de mi trasero y se fijaba en mi ombligo con una esmeralda hecha a la medida, suficientemente decorada.
Salí. Era un salón general, donde había gente con cara de querer y no querer estar, gente mirando a otros de reojo, y gente escaneando la mercancía con cara de cazadores.
Me dieron un mapa donde se veía la distribución del sitio. Decidí comenzar por arriba, donde tenían más equis los salones e ir bajando hasta la salida.
En el cuarto piso había tres salones, el primero era fisting, abriendo la puerta descubrías algo parecido a un monstruo de mil cuerpos unido por brazos, manos y pies metidos en todas las hendiduras de sus compañeros. Había algunas parejas aisladas por los rincones y hacían lo mismo, pero más discretamente.
Del vistazo que di decidí que ese día no era el cuarto para mí y seguí adelante. En el cuarto de en medio había un guardia, quien me dijo cortésmente que ese cuarto era sólo por invitación a socios establecidos del club y no me quiso dar más detalles. Mmm. Eso picó mi curiosidad, pero las reglas son las reglas…
El tercer cuarto tenía un doble telón como el de un cine antiguo. Adentro no se veía absolutamente nada. Un típico dark room. ¿cuáles eran las reglas? Las mismas que en otros, supuse. Puse mis manos hacia adelante y hacia abajo y encontré una mano grande y fuerte, que me atrajo a su miembro erecto.
Se sentía bien y de inmediato me sentí mojada. Le pregunté en susurros si traía protección y me dijo que no. Bueno, soy valiente, pero no taaanto, así que sólo lo besé en la mejilla y salí. Todavía había mucho que descubrir.
El cuarto salón tenía una gran cantidad artilugillos de SM, cadenas en las paredes, exhibidores llenos de todo tipo de instrumentos de dolor: látigos, collares, esposas, etc. Tres chicas esculturales y altísimas en grandes plataformas te recibían y te preguntaban respecto a tu rol y a tus preferencias. Además podías elegir si querías un nivel más alto, o bien mayor privacidad.
A mí me encanta ser dominatrix, y por supuesto disfruto un buen amarre que me ponga a merced de alguien cuya única finalidad es mi placer. Estuve dudando si era el lugar correcto o no. Recorrí las instalaciones para ver si alguien llamaba mi atención, y decidí seguir buscando, más adelante…
En el siguiente piso había a la derecha, un salón parecido a un circo, y en el centro del ring había una orgía de medianas dimensiones, hombres y mujeres entremezclados, conectados por bocas, penes, vaginas, manos, anos y demás, y disfrutando locamente.
La gente alrededor se apoyaba en el circulo y miraba la acción, algunos para ver dónde podían unirse a ella, y otros maravillados, embobados o alucinados ante lo que veían.
Seguí adelante, al siguiente cuarto y este era un cuarto de SW normal, con los hombres exhibiendo a sus hembras para quien quisiera tocarles, y empezar de ahí el intercambio.
Después un cuarto para hombres y otro para chicas. En el de ellos no pude entrar, pero en el de ellas el ambiente estaba de lo más poco animado, algunas besándose, una chica desganada bailando en un palo y dando un show, y muchas mirando, tal vez pensando que ellas no serían las primeras.
De este salí también y después de una serie de lo que parecían cuartos privados, de pronto me vi en el hall de entrada, después de lo que había visto en los primeros salones, los últimos me parecieron bastante sosos, quitándome lo cachondo que llevaba ese día.
Así que, regresé al vestidor, me cambié y regresé a mi hotel a masturbarme un rato con mi consolador favorito: el del conejito.






sinfonia-urbana dijo
Woww, yo como que no me regreso, jajajajajajajajajajajaja.
Hola, soy el Loboazul, estuviste entre mis amistades favoritas y te andaba buscando.. sorpresa, ya te encontré, jajajajajajajajajajaja.
Un abrazo.
10 Octubre 2009 | 01:18 AM