Hola, ¿puedes hoy a la 7?

Lunes, tranquilo, la mitad de la ciudad (o más) de vacaciones, mi oficina vacía. ¡Claro que puedo! Nos vemos en el bar del hotel de moda de la colonia cerca de mi oficina. Estoy vestida de negro (¡qué raro!) y tengo un mechón rubio que me hace inconfundible. Él estaría con camisa gris y saco de lana negro.

Guapo! atlético y fuerte, moreno, alto, con ojos de gitano. Sonríe en cuanto me ve y sé que le gusto.

¿Tomamos algo? Una copa de vino para ambos.

Resulta que tiene ya 7 meses con el servicio y hasta ahora le ha ido muy bien, excepto una vez cuando una loca...

Bueno, no es importante. Me informa que el cuarto está disponible. Pregunto qué hubiese pasado si no había química. Me dice que tienen buenas películas y servibar. Ja ja.

Subimos. En mi ciudad hace un frío del demonio, así que traigo capas y capas de ropa, me parece un poco incómodo, pero él sonríe y me siento tranquila.

Nos besamos, Dios. Ahora lo recuerdo y aún siento eso que un lobo alguna vez me dijo que sentía atrás de la garganta cuando encontraba alguien que realmente le gustaba. Olvido los tres sweteres, el abrigo, las medias, y me concentro en su boca.

Y pronto veo cómo van cayendo una por una a mi alrededor todas las capas de ropa que se interponen entre nuestros cuerpos desnudos. Olvido el frío, o más bien, dejo de sentirlo. Mi sexo es una llama que alcanza para calentarme yo, a él y muy probablemente a la cocina completa del hotel.

Y estoy tan mojada que se desliza dentro de mí y le agrada, y lo comenta.

Tenemos una noche de sexo deliciosa, llena de contrastes, con risa, con emoción, con un poquito de dolor, y sobre todo con mucha acción.

Lástima que haya que seguir las reglas. No sé como se llama, y borré ya su número de mi móvil nuevo.

Me gusta este club.