“Conozco a un chico que te hará tus deseos realidad” Me dijo mi amiga. Es un poco distinto y tiene mucha experiencia. Le encanta la ropa de látex y de piel, los zapatos de tacón y tiene una maleta llena de juguetes para hacerte disfrutar. Con esa presentación, no tenía otro remedio que conocerlo.

Nos puso en contacto por teléfono y en seguida quedamos en conocernos.

Nos conocimos en un café, y su primera pregunta fue: ¿cuáles son tus límites en cuanto a sexo? Y hablamos de límites, de fantasías y de experiencias, mientras la mesera que iba y venía hacía todo lo posible por escuchar nuestras experiencias y nuestras fantasías.

Debo confesar que me lleva mucha ventaja en experiencias, durante momentos me sentía como una colegiala que se siente realizada por que un chico la besó y cuando lo presume a su amiga, se entera que ella ya tuvo relaciones sexuales con tres. Hay tanto que este hombre hace y sabe que yo ni siquiera había considerado.

Hablamos de sus viajes, de los clubes que conoce, y de lo que haríamos juntos.

Regresé a trabajar y desde ese día nos comenzamos a imaginar lo que haríamos. Pequeños mensajes por teléfono, que subían de tono y hacían subir mi temperatura.

Cuando me dijo que le encantaba el depilado brasileño, no lo pensé dos veces. Pedí una cita con mi esteticista de confianza, y me lo hice. La sensación fue impresionante. Comenzó un pequeño dolor, y mientras más se acercaba al área de la vulva, el dolor se combinaba con otras sensaciones desconocidas. Tal vez sí soy un poco masoquista, y no lo sabía hasta ahora.

Después de unos veinte minutos, mi pubis estaba totalmente desnudo, suave y bello, y bastante más sensible que antes. Llegue a casa y no podía apartarlo de mi vista, ni de mis manos. Lo miré largo rato, admirando su bella forma de orquídea, e imaginando lo bien que se sentiría que alguien me besara largamente, y me acariciara así.